

Em sembla realment increïble que es tracte d’enganyar a la població d’esta manera. D’un costat, mostre la meua faceta més compromesa amb les demandes socials pel que fa a la propagació de la llengua (que tampoc cal clamar el sant al cel perquè s’hagen dignat a tornar un accent al lloc que li corresponia… però bo, en qualsevol cas cal mencionar-ho); i de l’altre destruïsc una de les eines més eficaces de difusió de la mateixa.
No sé si som vertaderament conscients del que la supressió de la televisió catalana en la comunitat significa. Almenys per a mi, no poder veure els partits el diumenge al matí…
Fora bromes, amb la desaparició de TV3 (i la resta de cadenes catalanes) del panorama audiovisual valencià, Canal 9 (i les seues amigues) es desmarca i es queda com a única televisió de parla valenciana a València. Què significa açò?
De primeres, un desprestigi total de la llengua. Però, més enllà d’això, és per tots sabut el fort control que el govern autonòmic exerceix sobre esta televisió pública (si realment se li anomenar així). Ens quedarem, doncs, amb un únic punt de vista, una sola veu capaç d’informar-nos (o de privar-nos d’informació) de temes com el sagnant cas de corrupció de què estem sent testimonis, i no precisament gràcies a esta casa.
Significa privar de llibertat d’expressió a l’únic mitjà de comunicació que oferia una programació alternativa a la de Canal 9, on els assassinats, robatoris i violacions ocupaven gran part (o pràcticament la totalitat) dels seus telenotícies. Significa, per tant, donar carta blanca a una cadena perquè continue manipulant i ocultant informació com li vinga en gana, creant una alarma contínua en la societat valenciana i duent a terme un periodisme sectari, partidista i que respon a uns interessos més que clars: els del govern autonòmic.
Podem conformar-nos i deixar-nos portar per on volen que anem. O podem, simplement, apagar la televisió, perquè sens dubte preferisc la desinformació a la mala informació. I el pitjor de tot és que la senyora Barberá i el seu amic Camps tornaran a eixir somrients a la foto, després d’haver guanyat, una vegada més, les eleccions.

Oigo el ruido de la persiana. Mi padre parece estar cansado de verme dormir y ha decidido despertarme. Los primeros rayos de sol que penetran en mi habitación iluminan el despertador. Son las doce del mediodía. Anoche salí, pero deberé darme prisa si quiero ver el partido que todos los domingos por la mañana emiten en la catalana.Pero vuelve a los dos minutos, y continúa el interrogatorio.
– Bueno, ¿y de chiquitas qué tal?
– Bien, descansando – bromeo -.
– ¿Qué tal le va a Alba? ¿Aún hablas con ella?
– Estará estudiando – (en realidad hace meses que no tengo noticias suyas, pero sé que así él se queda algo más tranquilo) -.
– ¿Y Dolça?
– También estudiando.
– ¿Qué estudiaba?
– Agrónomos, en el poli – (y sé que ahora viene la pregunta mágica, aquella que no falla nunca y que en ocasiones dudo de que, pese a ser consciente de que la pregunta cada vez, no se cansa de repetirla) -.
– ¿Perito o ingeniera superior?
– Superior… – se me escapa una sonrisa -.
Mi padre anuncia desde la cocina que la comida ya está lista. Esta vez me ahorro el preguntar qué hay de comer. Como cada domingo, paella de marisco.
Y una vez más se repite la misma escena de siempre. Él sentado a mi lado, con el cojín en la espalda, come callado. Yo, de tanto en tanto, bromeo con mi hermana, que se enfada con suma facilidad. Y mi padre me mira con mala cara. Mi madre se limita a resoplar.
Nos damos dos besos y arranco de nuevo el coche. Al avanzar unos metros miro por el retrovisor. Lo veo de pie, esperando a que me vaya, con otro cigarro a punto de ser encendido. Encorbado, con las gafas de sol puestas, me dice adiós con la mano.


No conocemos (o al menos yo no conozco) a Rosy Bindi. No sabemos cuán inteligente es. Pero lo que está haciendo este periódico al adjuntar la foto es, ni más ni menos, que riéndole la gracia al primer ministro.
No pretendo decir con ello que la información esté mejor o peor dada de una u otra forma. Simplemente que en el fondo nada (o casi nada) es 100% objetivo. Detrás de cada detalle, de cada frase, de cada fotografía; existirá una intención, una razón de por qué el autor ha decidido poner u omitir ciertos detalles. La forma en que se expresa una noticia, su colocación física en el diario… todo tiene una importancia, a la postre, decisiva.
Cada uno es libre de leer el periódico A, o decantarse por el B. Cada lector podrá elegir de boca de quién quiere escuchar las cosas. Pero es importante no olvidar que detrás de todo esto hay personas, y esas personas tienen unos intereses económicos y políticos que, de alguna manera u otra, siempre estarán presentes en aquello que escriben y publican.
Es así de triste, pero mucho me temo que no existe (y por el camino que vamos, dudo que pueda llegar a existir) un periodismo puramente ecuánime y objetivo.
Lluvia es todo aquello que tú deseas que sea. Lluvia es agua. Lluvia es humedad. Es frío. Lluvia es tormenta. Son rayos y truenos. Lluvia es ruido. Y luz.

La famosa «Vuelta al cole» ya ha llegado a nuestros grandes almacenes. Esta vez para traer una gratificante sorpresa: en nuestro caso, más de una decena de colegios públicos se harán eco de la propuesta sobre el uso del uniforme escolar (ni falta que hace hablar del resto de comunidades autónomas… en Madrid, por ejemplo, gracias a la iniciativa de Super-Esperanza, serán 30 los colegios agraciados). 
Querido señor dueño del perro que caga y mea en mi calle…

Querido señor dueño del perro que caga y mea en mi calle (y en calle de todos), me gustaría aprovechar la ocasión para decirle que, quizá él tan sólo sea un animalito indefenso y con nula capacidad de raciocinio; pero usted, al igual que yo y que tantos otros, somos personas. Se nos supone ciudadanos. Y créame, no resulta nada agradable pasear por la calle y topar con una de estas.
Es por ello por lo que me gustaría rogarle que, puesto que seguramente a usted no le debe de hacer demasiada gracia las pintadas en su fachada, o el botellón de los viernes; comprenda que tampoco a mí me gusta que su perro cague y mee en mi (nuestro) entorno público.
¿Cómo se sentiría usted, querido señor, si yo hiciera lo mismo en el recibidor de su casa? Me alegra saber que me comprende.
No sé hasta qué punto es cierto aquello de que «el perro es el mejor amigo del hombre». Del hombre que no tiene que agacharse a limpiar sus estropicios, supongo. Porque del resto de hombres, que simplemente se dedican a observarlos incrédulos, imagino que no será objeto de elogio.
Comprenda pues, querido señor dueño del perro que caga y mea en mi calle, que me dirija a usted, y no a la criatura. Pues al fin y al cabo es usted quien (y esto es un verdadero atrevimiento) tiene «dos dedos de frente». Y si no, querido amigo, no tenga un perro.
Porque es muy bonito sacarlo a pasear, y lanzarle la pelota para que se la traiga con la boca. Pero tener un perro va mucho más allá. Conlleva una serie de responsabilidades que, si usted no se ve capacitado para cumplir (cosa que me parecería muy respetable, a la par que honrado por su parte), quizá sería mejor que tuviera uno de estos, pues le daría bastante menos faena y seríamos todos mucho más felices…

Muchas gracias por su atención y comprensión. Espero no tener que volver a ponerme en contacto con usted. Atentamente,
el ciudadano que tiene que convivir con ello.