¡A segunda fila!

Indignado. Así es como me siento ahora mismo. Después de casi tres años de carrera, escuchando día tras días los mismos sermones que apelan a un periodismo responsable, ético y sometido a un código deontológico que parece no cumplirse en la realidad. Indignado y temeroso por no saber qué es con lo que deberé enfrentarme en un futuro inmediato.
Resulta muy desconcertante descubrir que de nada sirve ceñirse a la teoría cuando, en última instancia, quedas sometido a las reglas del mercado. No importa cómo, pero el objetivo final es vender, y cuanto más mejor. Para ello, cualquier fórmula es válida, incluida aquella que recurre a las técnicas más macabras, sensacionalistas y morbosas que podamos imaginarnos.
Me siento verdaderamente ofendido al ver que todavía hoy triunfa el periodismo amarillo, aquel que resalta el morbo banal por encima de la información verdaderamente significativa y sustanciosa. Realmente dolido al descubrir la imagen que destiñe hoy la portada de la gran mayoría de periódicos. Es la cogida de Julio Aparicio en Las Ventas de Madrid. En ella se puede observar como el asta del toro atraviesa su garganta y sale por su boca. Además, gracias a la avanzada tecnología de las cámaras fotográficas, podemos incluso apreciar las diminutas gotas de sangre que salpican la cara del diestro.
Es del todo incomprensible que esta triste imagen esté a la vista de todos, incluso del niño cuya moral paradójicamente intentan resguardar de la tentación carnal de otras publicaciones hábilmente camufladas en la segunda fila de la estantería.
En cualquier caso, al margen de un debate lamentablemente estéril sobre la prohibición de la pretendida Fiesta, lo que sí debería ser discutible y discutido es el hecho de acabar con la información taurina en los medios de comunicación. Muchos periodistas son elogiados por su particular estilo a la hora de escribir en esta sección, y una importante parte de los ingresos televisivos de algunas cadenas deben venir de la retransmisión de las corridas. El lector de prensa o el telespectador corriente no tiene por qué ser testigo de un espectáculo tan gratuitamente sangriento como son estas celebraciones. Máxime cuando muchos de aquellos aficionados taurinos se sienten especialmente ofendidos si a media tarde se emite una película de Tarantino, que resulta ser ficción y no cruel realidad.
Por eso, precisamente en un día de primavera tan soleado como el de hoy, debería reivindicarse la carne más tierna y no la más muerta. Deberían ser esas revistas, siempre ocultas, las que pasaran a ocupar los sitios privilegiados en nuestros quioscos. Y que las astas de toro, las heridas abiertas y la sangre en las luces se llenen de polvo. Porque, al fin y al cabo, ¿qué daño le pueden hacer a ese niño un par de tetas siliconeras? Seguro que no más que el que hoy le ha hecho esta fotografía.
Iba a poner la imagen del torero, pero no sería coherente con lo expuesto en el artículo. Ésta me ha parecido mucho más apropiada y agradable. 
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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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Una respuesta a ¡A segunda fila!

  1. Anonymous dijo:

    Ciertamente, donde esté Elsa Pataky que se quiten los toros, los toreros y la propia Fiesta Nacional. Ramón Barreiro.

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