Caprichos

En realidad, podría haber sido todo cuestión de horas. Imaginen, justo en el momento en el que Casillas despejaba de puños para brindar una magnífica asistencia al gol de Aránguiz, el nuevo Rey saludaba desde el papamóvil a sus súbditos. Las palabras de Machado volvían a estar de actualidad: “Una España que muere y otra España que bosteza”.

O apenas unos días antes, cuando también el mismo Íker se veía desbordado por una Holanda insultantemente superior, en cualquier otro lugar el gobierno de Rajoy ultimaba los detalles de una reforma fiscal que se presentaría justo después, mientras la euforia de unos y la decepción de otros no dejaba a nadie ver más allá.

Una imagen para la posteridad, la de Juan Carlos con su hijo Felipe, que transmitía la fortaleza de un país unido, coincidía con los gritos en la calle de unos cuantos locos que la policía calló de inmediato. Ese día solo podían ondear banderas bicolores, no fuera a ser que se estropeara la fiesta. “Viva la República”, gritaban los rebeldes, sin saber la que se les venía encima.

El pequeño Froilán no perdía detalle de tan casposo acto, escondido tras las cortinas del balcón de su habitación. Mientras tanto, sus primas saludaban a los flashes de los periodistas, que solo atendían a la llamada de la agenda setting. La emoción de la reina, la decepción de la Roja.

Y todo esto sucedía al tiempo que Alberto Fabra competía por montar una silla infantil en el nuevo y aclamado Ikea Valencia. “Por fin los ciudadanos de la Comunidad podrán ver cubiertas sus necesidades, y no tendrán que ir a Murcia para probar nuestras exquisitas albóndigas de caballo”, se aventuraba a afirmar la embajadora de Suecia en España.

Y el capricho del destino quiso que todo esto sucediera justo en el instante en que, muchos kilómetros al oeste, de nuevo nuestro amigo, el Santo Casillas, daba la cara ante la nación pidiendo disculpas por lo ocurrido: “Lo siento mucho… me he equivocado y no volverá a ocurrir”. El fútbol es el opio del pueblo, como perfectamente podría haber dicho Groucho Marx, parafraseando a su tocayo.

Felipe VI

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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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