Ryanair

El viajar es un placer, dice la canción. Mientras no sea con Ryanair, podría seguir. Y es que esta compañía aérea que presume de precios tiene su gracia, aunque sólo hasta cierto punto. Que los billetes puedan llegar a resultar bastante económicos, vale. Que decir que te escapas un fin de semana en avión a Sevilla, también vale. Pero hay otras muchas cosillas que no agradan tanto.

En primer lugar, desengañémonos. Los vuelos por un euro no existen. Todos tenemos un amigo, que conoce a alguien cuya prima tiene un novio que tiene una hermana que ha viajado a París por un euro. Mentira. Eso es mentira. La leyenda de los vuelos a un euro termina en el mismo momento en que tratas de descubrirla.

Comprar un billete de Ryanair es más difícil que abrocharse a la primera el cinturón de seguridad del avión. Todo un reto. Cuando te das cuenta de que las múltiples tasas de embarque, los recargos por comisión y el IVA sólo hacen que engordar la cifra a pagar, comienza la aventura de hacerte con el ansiado papelito que te acredita como pasajero. La dichosa web te pide hasta que decidas de qué manera prefieres que te traten. De “mr” o de “sir”. No sé cuando, porque una vez a bordo, aquello parece una selva.

En fin, el caso es que, no sabes muy bien cómo, consigues superar con éxito el interrogatorio on line. Y prometes no llevar armas ni material explosivo a bordo. Tampoco facturado, claro. Porque esa es otra de las odiseas. La facturación. O la no facturación, que es otro de los mitos de las compañías de bajo coste. Las medidas máximas del bulto de mano son, una vez más, una gran farsa. He visto a gente llevar maletas en las que perfectamente podría caber un cadáver, y superar airosamente los controles de facturación. Y el resto de tontos, calentándonos la cabeza para meter siete calzoncillos, siete calcetines, cuatro camisetas, dos pantalones, tres suéters, chanclas, toalla y neceser en una bolsa de 55x40x20 cm. Eso sí que tiene mérito, y no subir al avión. Que también.

Entre el control policial (te han hecho prometer que no llevarías armas, pero parecen no creérselo), y el viento infernal que hay en la pista de despegue, subir al avión a veces puede convertirse en una verdadera pesadilla. Eso sí, en la puerta te espera una azafata de plástico que, después de pedirte por quinta vez la tarjeta de embarque, te dice con voz robótica y en un castellano británico: “buenos días, bienvenido al Boeing FR 5277 con destino a Sevilla”.

Entonces buscas sitio. Sacas una vez más el billete y descubres que el avión, no sólo no está numerado, sino que te pone, de nuevo, a prueba. Lees con ironía que donde debería poner “asiento 15, fila 8”, figura un curioso “otra fila”. ¿Otra fila? Sí, levantas la vista y está todo el mundo de pie. Claro, siempre que alguien va decididamente a sentarse en una butaca, la azafata se dirige a él, le toma el billete y sonriendo le increpa: “aquí no, otra fila”. Supongo que por eso debe de ser tan barato. Porque con Ryanair todos viajan de pie.

Despegamos y da comienzo el desfile. El pasillo del avión se convierte en un mercadillo en el que puedes adquirir prácticamente de todo. Durante la hora y poco que dura el trayecto, se te ofrece no sólo comida y bebida, sino todo tipo de productos, a cada cual más absurdo. Cigarrillos electrónicos, tarjetas de rasca y gana, perfumes, relojes, tarjetas de telefonía… Antes de aterrizar puedes haberte comido una hamburguesa, echado la suerte en un sorteo benéfico, perfumarte con la última esencia de Dior, fumarte un pitillo de pega y comprobar en tu nuevo reloj de marca que el avión llega con retraso a su destino. Todo un lujazo.

La fiesta termina cuando tomamos tierra y una simpática musiquilla hace que más de uno se anime a levantar unos aplausos. Pensado en frío, resulta del género tonto aplaudir a alguien que simplemente hace su trabajo. Ningún cartero recibe una ovación mientras llena los buzones. Pero claro, ser piloto es mucho más molón.

Sales de la nave medio aturdido. Algo más tranquilizado al tocar tierra, vuelve a desconcertarte el hecho de no saber en qué dirección andar. Te sueltan en mitad de una pista en la que hay siete aviones y cuatro carricoches. Allí estás tú, con una maleta y cara de bobo, sin saber a dónde ir. Por suerte, un hombre con chaleco fosforito y rastas te indica claramente que debes caminar “this way”. Y allá que vas, contento, satisfecho, inocente, jurándote a ti mismo que esta será la última vez. Pero en el fondo sonríes porque sabes que, pese a todo, te has acabado divirtiendo. 


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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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5 respuestas a Ryanair

  1. Anonymous dijo:

    Engañado, maltratado, ninguneado, mareado, incluso estafado…Esa es mi experiencia con Ryanair….Un abrazo. Ramón Barreiro.

  2. Amparo dijo:

    Qué razón tienes, la única vez que he visto a mi hija OBESA: cuando se fue a Paris en pleno invierno con toda la ropa posible puesta, El miedo nos invadió cuando pensamos que no iba a caber en el asiento y tendría que comprar otro billete.¡Adiós ahorro!

  3. Tere dijo:

    me ha encantado conocer tu blog, me parece ideal!

    besitos!!

  4. Gustau dijo:

    perquè sempre està el tio de rastes, és sempre el mateix o és que sols contracten rastafaris?? hahaha ja tinc eixida laboral xD

    Doncs tio, si que et tracten com a un porcar, però és el que té viatjar per uns 20€ per trajecte…

    si vols ser tractat com a persona paga 120€… però d'eixa manera ningú podrà vindre a visitar-me, i això t'afecta de ple!! 😉

  5. Natan Miquel dijo:

    Pues yo sí que fuí a Londres por 15€ dos personas ida y vuelta, eso sí, tienes que pillar una oferta y el vuelo que ellos te digan que no lleva tasas, e ir solo con la maleta de mano.

    Y al Señor Gustau dir-li que sigui més respectuos amb la gent, que ací la majoría de gent no l'entendrá si no els parla una llengua que puguin entendre. Dis, que tal es parlar-li a una paret?

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