Shija

Felicitats, Juanvi

Yo, que lo máximo que había innovado en términos gastronómicos era yendo al kebab los viernes por la noche, que lo más atrevido que me había llevado a la boca había sido la salsa picante de las fajitas mexicanas, que hasta hace no mucho pensaba que el “rollito de primavera” era una práctica sexual, fui recientemente invitado a una cena de cumpleaños en un restaurante balcánico.

Ya desde el inicio, todo fueron sorpresas. Primero, las excentricidades de mi amigo, que se empeñó en poner pegatinas con mensajes que nadie entendía, y que también nos escribió una bonita carta dedicada y personalizada para cada uno de nosotros. Y luego, lo novedoso y mágico del sitio en sí. Un pequeño pero acogedor restaurante que fue cerrado expresamente para la fiesta.

Los colores rojo y negro del decorado dotaban de un aura de modernidad y elegancia al lugar. Nada extraño, por otra parte, conociendo al cumpleañero. Un psicólogo que cuida hasta el más mínimo detalle y ello, todo hay que decirlo, se agradece. Tan perfeccionista es mi amigo que no me sorprendería si me dijera que asignó los sitios previo estudio sociológico de cada individuo, con tal de garantizar una conversación plácida y fluida entre las cuarenta personas que allí estábamos, la mayoría, dicho sea de paso, no nos conocíamos entre nosotros. Por eso mismo, a sabiendas de que soy una persona que se conforma con poco, a mí me sentó al lado de una preciosa columna. Muy bonita, sí. Pero hablar, habló bien poco.

Por fin, ya con todas las sillas asignadas, comenzó el festival. Reconozco que noté un cierto vértigo al ver que el primer plato decía llamarse ensalada, pero poco o nada tenía que ver con el concepto de ensalada que yo me he formado. Es ese uno de los momentos en que más echas de menos los macarrones gratinados de tu madre. Me vi tentado de levantar la mano y pedir un chivito. Pero debía comportarme.

 Así que le di una oportunidad a la ensalada. No soy muy de verde, pero aquello estaba delicioso. Y poco a poco empezaron a sacar más y más platos. Borek (rollitos de hojaldre rellenos de queso feta), dolmadákias (hojas de parra rellenas de arroz y menta), qofte të ferguara (albóndigas balcánicas de pollo y cordero), tzatziki (salsa de yogurt griega)… Y venga a comer, y venga a beber. Lástima que mi compañera pilar no pudiera disfrutar de todo aquello.

Entonces, cuando ya no podíamos más, cuando unos tratábamos de no movernos para no reventar y otros preferían salir a fumar y reventar en privado, cuando el estómago suplicaba clemencia, se acercó el cumpleañero y dijo: “todavía queda el plato principal y los postres”. “Joder”, pensé con ironía, “ahora es cuando sacan el kebab”. Y así fue. A la mesa entraron unas bandejas con pan de pita y una fuente de carne y verduras al más puro estilo “móntalo tú mismo”. Y para picar, cuscús del sultán, que fue probablemente el mejor plato de la noche.

Todavía me pregunto cómo fui capaz, pero lo hice, y me siento orgulloso. Dejé un pequeño hueco para los postres. Y mereció la pena. Baklava (pastel de nueces y otros frutos secos bañado en salsa de miel o almíbar, según variables), matrícula de honor. La tradicional tarta de cumpleaños no la pude probar porque mi móvil decidió sonar en el momento más inoportuno. Pero creo que hice bien, porque estaba completamente lleno. De cosas nuevas y todas muy buenas. Pero lleno. Llenísimo. Shija era el nombre del restaurante. No sé en qué idioma ni qué querrá decir, pero es posible que signifique algo así como “todo lo que vas a probar hoy te va a resultar delicioso, pero no abuses de tu gula”. Y a mi lado, el pilar otorgaba en silencio.


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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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3 respuestas a Shija

  1. Charo dijo:

    Gracias Pau por tu fantástica crítica ya que nos hace sentirnos orgullosos de nuestro trabajo bien hecho. Hasta te has aprendido nuestra carta!!

    Para tu/vuestra curiosidad, Shija significa SABOR en albanés. Y los colores corporativos de las banderas de los países de Los Balcanes.

    No hace falta decirte que Shija es tu casa. Hasta la próxima.

  2. Anonymous dijo:

    Tal como nos lo cuentas, esto tiene muy, muy buena pinta…Va a merecer la pena dejarnos caer por allí cuando vayamos por la capital del Turia, valga la cursilería….Y el nombre, Shija, si todo está tan tan rico, está muy bien traido. Y además, como dice el otro, también tendrá mucho fundamento…Un abrazo. Ramón Barreiro.

  3. Vale. cuándo me invitas?

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