Cambio de cocina

A mi amigo Pepe

Cambiar de cocina. El cambio de sexo de mi padre, del que os hablaba hace unas semanas, se queda en un chiste al lado de esto. Tener una madre que en algún momento dado decida que quiere cambiar de cocina es la cosa más horrible que os puede pasar en esta vida.

Uno puede cambiarse el móvil. Cambiar su forma de vestir. Cambiar de amigos. Cambiar de coche, si me apuras. Pero cambiar de cocina… eso sí que es un cambio y no lo de Michael Jackson.

La primera fase por la que pasa toda persona que decide tomar una decisión tan drástica es precisamente esa. Tomar la decisión. Algo que podría parecer, a priori, una cosa profundamente meditada y estudiada, muchas veces se sustenta en argumentos tan ridículos como “desde que tenemos la casa, aún no hemos hecho ni una reforma”, o “¿pero no la ves? está que se cae”, o simplemente “Amparo la del tercero ya se la cambió hace dos veranos, y ahora va a por los baños”.

Es por eso que cuando la decisión está tomada, no se puede hacer absolutamente nada. No hay marcha atrás. El diseñador de interiores que tu madre lleva dentro, se apodera de ella. Una furia creativa copa su cabeza, y pronto las revistas de baños y cocinas inundan la casa. Pero eso no es lo más grave. Tu padre se convierte en la voz de la conciencia. El angelito que lucha, en vano, para evitar que el despilfarro pueda más que la razón.

Así, entre uno y otro, empiezan a dibujar unos planos que siempre quedan fenomenal, salvo por un detalle. Las medidas, ese gran enemigo. Qué fácil sería si la nevera ocupara, tal y como dice el papel, unos pocos centímetros. Por fin, conscientes de que no pueden jugar a ser arquitectos, llaman a uno de verdad.

Yo siempre había imaginado al señor arquitecto con gorra y un lápiz en la oreja. Pero lejos de eso, aparece en casa a los pocos días un chico joven, moderno, con gafas de pasta y una carpeta de dimensiones exageradas. Trae planos, esta vez bien hechos, y la labia suficiente como para convencernos de que convendría, además, cambiar los baños. Pero no sólo eso. También trae el papel que de ahora en adelante será motivo de innumerables conflictos. El presupuesto. Mis padres se marean de ver tantos ceros juntos. Pese a todo, y como ya sabíamos, la idea está en la cabeza, y de ahí no va a salir.

Es ahora cuando se empiezan a rebajar un poco las expectativas. Aquella cocina con barra americana, donde no se puede desayunar otra cosa más que panceta y huevos fritos, parece que se queda ahora un poco lejos. Tendremos que conformarnos con algo bastante similar a lo que hay ahora. Pero nuevo.

Otro tema delicado son las obras. Surge pues la gran pregunta de qué hacer todo el mes en que la casa, inundada de escombros, se convierte en inhabitable. Como Jorge Fernández no ha traído a todo su equipo de “Esta casa es una ruina”, y por tanto nadie nos va a pagar un viaje a Disneylandia, toca buscar una alternativa. Alternativa que encuentras alquilando un modesto apartamento en la Patacona. El caso es que, a fin de cuentas, empiezas pensando en cambiar de cocina, luego reformas también los baños y, para celebrarlo y pese a que vas hasta el cuello haciendo cuentas, te vas un mes de vacaciones.

No obstante, sin duda lo peor llega cuando alguien, en algún momento, pronuncia la palabra mágica. IKEA. ¿Murcia o Barcelona? Es evidente. Y así de paso, vemos la ciudad. Total, que cocina nueva, baños nuevos, un mes en la playa y un par de noches en Barna. Como reyes. Lo único triste es que en septiembre estaremos igual que estábamos. Igual de pobres, un poco más endeudados, y con un par de reformas como señales de guerra. 


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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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2 respuestas a Cambio de cocina

  1. Amparo dijo:

    No solo tú participas de esa gran aventura, yo con mi amiga disfruto de esas venideras reformas, es tal el desenfreno que me provoca, que yo también me quiero cambiar las puertas y el suelo, que por cierto me lo voy hacer de parqué. Yuju…!
    Además nos iremos juntas al IKEA de Murcia,ja, ja,ja

  2. Anonymous dijo:

    Cambiar de cocina, de cuartos de baño, reformas en casa….ruina moral, física y económica de cualquier familia….Os compadezco y me solidarizo…En mi casa estamos a punto de cambiar los cuartos de baño…Un abrazo. Ramón Barreiro.

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