El síndrome postvacacional

Se acabó lo bueno. Muchos de los que tienen la suerte de poder trabajar, vuelven a ello tras unas calurosas vacaciones. El verano acaba con un pico de calor que hace más insoportable si cabe la vuelta a la rutina. De nuevo a madrugar, a no dormir o dormir mal, a ver las mismas caras y a aplicarse lejos de la brisa marina, el calor del sol y los pies a remojo. Y todo ello en un primero de septiembre que todavía sabe a treinta y dos de agosto.

Con razón o sin ella, seguramente por simple costumbre, desde un tiempo a esta parte se ha puesto de moda alegar aquello del síndrome postvacacional como excusa remolona para evitar cumplir con las pertinentes obligaciones. Igual que un niño que patalea porque no quiere volver al colegio, los adultos hacen lo propio cuando llega también su hora.

La vieja táctica de poner el termómetro en la estufa para simular la fiebre parece haberse quedado anticuada. Ahora se apela a conceptos mucho más modernos y creíbles, como la depresión, el insomnio, el estrés, la astenia y la desidia. Y parece surtir efecto, pues esta extraña enfermedad del mes de septiembre, aunque no haya sido de momento considerada como tal, sí ha pasado a formar parte de las preocupaciones de algunos médicos, quienes ya han realizado numerosos estudios al respecto.

Pero, ¿cuál es la solución? ¿Eliminar o acortar las vacaciones? ¿Repartirlas a lo largo del año de manera más equitativa? ¿O, simplemente y como siempre se ha hecho en las escuelas, al menos durante los primeros días, motivar a los trabajadores para que, formando un círculo y siguiendo un estricto orden, cuenten sus vacaciones y enseñen los souvenirs más significativos de éstas? Al fin y al cabo, si los niños, que son los que practican estos métodos, no sufren el extraño síndrome postvacacional, por algo será.

En cualquier caso, y pese a la tediosa insistencia que muchos hacen apelando al carácter clínico de esta supuesta enfermedad, lo que es seguro es que quienes no la padecen son aquellos que, día tras día, hacen engordar la lista del paro, y pasan el año tristemente desocupados, en unas supuestas eternas vacaciones.

El síndrome postvacacional, únicamente sufrido por aquellos capaces de escapar del desempleo, tan sólo puede ser combatido con una pequeña dosis de optimismo. Recuerdo que un profesor despedía el curso deseándonos un feliz verano, y recordando que el día de mañana nos quedaría un día menos de vacaciones. Visto de otro modo, al volver de ellas, cada día de trabajo debería ser concebido como un pequeño paso para volver a disfrutar de no tener mayor obligación que la de no tener obligaciones.

 

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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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Una respuesta a El síndrome postvacacional

  1. Anonymous dijo:

    Dejémonos de caralladas….Ni Síndrome Postvacacional ni otras historias varias. Lo que pasa, simplemente, es que después de las vacaciones no tenemos ganas de dar un puto palo al agua….Sin más, así de claro. Y como empecemos a meter en estos asuntos a los Psicólogos, que todo lo enredan, y a los Psiquiatras, que nos volverán majaras, buscaremos explicaciones científicas y físico-químicas a lo que es pura vagancia….Y yo el primero. En lo de vago digo, no en lo de científico….Un abrazo. Ramón Barreiro.

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