Confianza, respeto e igualdad

Se cierra la jornada del 8 de marzo, día de la mujer trabajadora. Este gélido lunes de 2010 también ha coincidido con un acontecimiento mucho más importante de lo que parece. Kathryn Bigelow ha sido la primera mujer de la historia del cine en ganar un Óscar (mejor dirección, por En tierra hostil).

Echando la vista atrás, quizá a día de hoy podríamos haber avanzado algo más. Siendo realistas, los casos de violencia de género aún ocupan gran parte de los telediarios, para muchas mujeres resulta muy complicado acceder a los cargos de mayor responsabilidad a nivel laboral, sus sueldos siguen siendo bajos en comparación con los de los hombres, y los casos de discriminación, tanto en el empleo como en el hogar, no han sido del todo erradicados. Las mujeres siguen ocupando los puestos más precarios en el sector de los servicios, continúan siendo las que se encargan mayoritariamente de la atención social de niños y ancianos, y en la televisión (sobretodo en la publicidad) sobreviven, escondidos entre eufemismos, muchos de los estereotipos de mujer-objeto, tan propios de décadas pasadas.

Pero también es cierto que proyectos como el de la Ley de Igualdad empiezan a dar sus tan esperados frutos, sobretodo en el sector de la administración pública. Cada vez hay más mujeres con altos cargos en los gobiernos y en las grandes empresas, y esta situación parece que por fin empieza a ser vista con cierta naturalidad. Ya podemos decir con la boca bien abierta que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo está superada con creces. Pero cabe dar un paso más allá. Debemos seguir luchando por esa meta del todo alcanzable que es la plena igualdad entre hombres y mujeres. Y el primer paso para conseguirlo, legislación a parte, radica en la mentalidad de cada individuo. Se debe entender este 8 de marzo como un día de celebraciones, una día en que sentirnos orgullosos de todos los logros alcanzados, pero también como un punto de inflexión. Es un buen momento para pararse a reflexionar sobre hasta dónde hemos llegado, cómo lo hemos hecho, y qué debemos hacer para seguir avanzando.

Todo pasa por cada uno. Conductas tan reprochables, pero a la vez tan cotidianas, como es la clásica escena de la mujer en la cocina y el marido en el sofá (todavía observable en muchos de los hogares españoles), sólo se cambian con el mero afán de colaboración por parte del hombre. Y no sólo de ayuda, sino de división equitativa de tareas, de respeto mutuo y tolerancia entre ambas personas.

Porque tan sólo de esta forma, siendo conscientes de que vivimos en una sociedad en principio moderna y del siglo XXI, podremos continuar celebrando este día con cada vez más motivos. Se ha hecho mucho, pero queda mucho por hacer. El camino está trazado, tan sólo debemos procurar seguirlo con paso firme como hasta ahora hemos hecho. Las premisas son muy claras: confianza, respeto e igualdad.

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Acerca de pauborreda

Periodista en Valencia
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Una respuesta a Confianza, respeto e igualdad

  1. Anonymous dijo:

    Mientras se escribía/leía este artículo, ¿se quedó alguna cama por hacer? ¿algún plato por fregar? ¿o una camiseta por doblar? Como diría el viejo Marx: quizás si empezáramos por la infraestructura…

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