El escritor

Es un hombre tranquilo, solitario. Divorciado, por supuesto. Con pocos amigos, la mayoría viudos o también separados.

Un ser de costumbres. Vive solo y utiliza las mismas piezas de la vajilla, que friega a mano justo después de cada comida. Trasnocha y madruga. Padece de insomnio. Le gusta escuchar programas conspiratorios hasta que se queda dormido, la mayoría de veces de madrugada, con la radio puesta.

Se cobija bajo una aburrida rutina, un opaco vidrio a través del cual ve siempre la misma pequeña porción de realidad. Como un domingo de lluvia que se repite cada tarde. Ahí se siente seguro.

Tiene una gran sensibilidad hacia cualquier expresión artística. Es inteligente, crítico y culto.

De carácter huraño. No se le dan bien las relaciones personales y pasa la mayoría de tiempo en casa. Cuando sale, suele coger un taxi, en contadas ocasiones el autobús o el metro, y siempre lleva consigo un pequeño cuaderno en el que anota cualquier experiencia o idea digna de ser el inicio de una gran historia.

Vive en un pequeño apartamento en el centro. Su casa es caótica, un gran desorden en el que encuentra, inexplicablemente, la calma. El escritorio está tomado por una montaña infinita de papeles que lo copan todo excepto el hueco medido para el portátil.

A pesar de que no es un hombre de avanzada edad, hace tiempo que dejó de ser un chaval. Su desafección y desinterés por el mundo corriente se suman, desde hace unos años, a problemas más tangibles como el azúcar, la tensión y un principio de depresión autodiagnosticada.

Piensa con frecuencia en la muerte, pero no desde el temor. Trata de imaginar cómo y cuándo le llegará el momento y, si la idea no le convence, fantasea con la opción de ser él mismo quien le ponga fin a su vida.

Devora libros. Ha leído a los clásicos y también a sus coetáneos, algunos de los cuales se han convertido para él en objeto de admiración. Trata de ser meticuloso, paciente y constante. Como ellos.

Cumple, en fin, con todos los clichés y estereotipos del auténtico escritor.

Sin embargo, cada mañana que, de forma sistemática, se dispone a escribir, se queda más en blanco que el folio que contempla.

Quizá porque, en realidad, ese prototipo de escritor diste mucho de su verdadero ser, y no sea más que un personaje que él mismo ha construido.

Acerca de pauborreda

Periodista y fotógrafo
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