Licenciatura en Periodismo

Recuerdo con cariño aquel día en que yo, exhausto de una jornada de estudio en plena época de exámenes, escuchaba con resignación las palabras de mi padre, que trataba de convencerme de que no había nada como aquellos años de estudiante. Tardé bastante tiempo en darme cuenta de la razón que tenía. Quizá, de hecho, no fuera hasta mi primer día de trabajo, más o menos oficial, que acabé por creérmelo del todo, y apreciar como es debido el valor que entonces tenía poder comer relajado y en la mesa, dormir ocho horas y acudir a clase sin mayor obligación que aprender y aprobar. Valores estos que se van perdiendo con el tiempo, a la vez que se adquieren otras obligaciones mucho menos agradecidas.

Recuerdo también mi primer día en la Universidad. Lo recuerdo como si fuera ayer. El viento huracanado de aquella mañana de otoño no era excusa suficiente para justificar un andar distraído, desorientado, perdido. Las piernas no me respondían, y mucho menos la cabeza, que me llevó sin preguntar hasta la puerta de la Confederación Hidrográfica del Júcar, edificio colindante con la que debiera ser mi Facultad, la de Filología, Traducción y Comunicación. Un par de señoras que fumaban en la puerta me miraron con aires de extrañeza, y rápidamente comprendí que aquellas no serían mis compañeras de clase. A punto estuve de entrar por error en aquellas oficinas, pero a lo lejos vi un grupo de jóvenes que andaban a paso torpe, como yo, y decidí seguirlos a la que sería, esta vez sí, mi casa durante los próximos cinco años.

Cinco años que, por cierto, se pasaron volando. Guardo muchos recuerdos de ese periodo tan corto como intenso: la dialéctica de Francesc Martínez, la brillantez de Antonio Méndez, las ocurrencias de Guillermo López, la rectitud de Dolors Palau, los sabios disparates de José Manuel Gironés, la pasión de Jordi Sebastià, la amistad con Paco Montes, el pensamiento crítico de Toni Mollà, Josep Lluís Gómez Mompart y Rafa Xambó (por reseñar solo unos pocos), y también, por supuesto, el sopor de muchos otros cuyos nombres me ahorraré.

Durante esta etapa, que pasó tan rápido como pasan las cosas con las que disfrutas realmente, tuve la suerte de conocer a mucha gente fuera de las aulas. Con la siempre válida excusa de estar realizando trabajos para clase, pude entrevistar a personajes que siempre he admirado. Una de aquellas entrevistas, y sin duda la que guardo con mayor cariño, fue la que pude hacerle al actor Xavi Castillo y que podéis leer y descargar en este enlace.

Xavi Castillo

Recuerdo también el primer día en que estrenamos con ilusión el Taller d’Audiovisuals, las sobremesas en los jardines de Blasco Ibañez, las protestas a las puertas de nuestra Facultad contra el famoso Plan Bolonia, las tardes interminables en la biblioteca…

Recuerdo que muchos de mis compañeros, allá por segundo o tercero de carrera, y hartos, según decían, de no estar aprovechando el tiempo, decidieron lanzarse con dobles titulaciones. Políticas, ADE, Derecho… todas ellas, por supuesto, mucho más prestigiosas que la nuestra, Periodismo. Yo opté por tratar de disfrutar al máximo de las clases, y terminar una carrera sin desencantarme en el intento.

Recuerdo haber oído aquello de “juntaletras” en más de una ocasión, y recuerdo también el día en que mi hermana decidió estudiar periodismo, como yo. A los pocos meses de empezar con la misma ilusión que yo lo había hecho seis años antes, vaciló con dejarlo, aludiendo a los mismos argumentos que tantas y tantas veces había escuchado repetidos en boca de compañeros, amigos y familiares: que si no tiene futuro, que si es una profesión precaria y repleta de intrusismo, que si pudiendo haber estudiado esto o aquello…

Pero por encima de todo esto, sigo creyendo firmemente que el periodismo es la profesión más bonita y maravillosa que existe. Es cierto que en la práctica no todo es como habíamos imaginado en un principio, pero tampoco creo que así lo sea en el resto de oficios. Hay una cosa indiscutible, y es que gracias al periodismo, a la libertad de expresión y al derecho a la información, vivimos hoy en una sociedad un poco menos ciega. Y solo por ese poco habrá merecido la pena.

Licenciatura Periodismo

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